Notas de taller sobre construcción, restauración y puesta a punto. Cada barco lleva su historia;
estas son algunas.
Construcción
Baby Bootlegger (1924)
Una leyenda de la era dorada de las regatas
Diseñada por el arquitecto naval George Crouch y construida para el millonario y piloto Caleb
Bragg, esta lancha se convirtió en un icono del diseño y la velocidad al ganar la prestigiosa
Gold Cup en 1924 y 1925.
Lo que la hacía única era su corazón: un motor de avión de combate. Tras la Primera Guerra
Mundial, ante la falta de motores marinos ligeros, se adaptó un Hispano-Suiza de 8 cilindros y
estructura de aluminio —el mismo que montaban los cazas biplanos de la época—, que le daba una
relación potencia-peso inigualable. Ese motor empujaba su hermoso casco de líneas de canoa a
velocidades asombrosas para su tiempo.
Sobre este modelo a escala
Esta réplica radiocontrol se ha construido de forma totalmente artesanal, siguiendo el mismo
proceso que un astillero real: de dentro hacia fuera. Todo empieza con la quilla y las
cuadernas cortadas a láser, montadas sobre el banco de trabajo y perfectamente aplomadas,
porque cualquier desviación aquí se arrastra hasta el final. A diferencia del barco real, de
caoba, el casco de este modelo se ha levantado desde cero con una base de madera de tilo,
colocada varilla por varilla. Después se ha revestido con madera de sapeli, pegada una a una,
lijando y dando forma pacientemente a mano para replicar las complejas e icónicas curvas
aerodinámicas del diseño original.
Cubierta y acabado
La cubierta reproduce el calafateado de la época: cientos de listones de caoba alternados con
finísimas tiras claras de arce, enfilando la veta central y rematando en la característica «V»
de la popa. Con el casco cerrado empieza el ciclo de lijar, tapar poro, imprimar y volver a
lijar hasta que la superficie es un espejo. La obra viva se pinta y la cubierta se barniza a
varias manos, hasta que la lancha, quieta sobre su peana, ya parece lista para salir a por otra
Gold Cup.
Restauración
Restauración de un llaüt: devolverlo al agua
No todo es construir de cero. A veces llega un modelo antiguo —una barca tradicional del
Mediterráneo, un llaüt de faena con su caseta de gobierno— que lleva años parado y merece
volver a navegar. Restaurar tiene su propio ritmo: hay que entender qué hizo el modelista
original antes de tocar nada.
Diagnóstico
Se revisa el casco palmo a palmo: juntas abiertas, madera reseca, pintura levantada, herrajes
picados. En este llaüt había que abrir la cubierta para acceder a la bancada del motor y al
eje, así que se retiró con cuidado la tapa de registro para no dañar el entablado de alrededor.
Saneado y acabado
Se consolidan las zonas débiles, se rehacen las juntas y se repone la madera que falta. Luego,
pintura: respetando los colores de siempre —verde, blanco y rojo bajo la flotación— y
recuperando detalles como la matrícula y el filete de la regala. La mecánica se revisa
entera antes de cerrar.
El objetivo no es que parezca nuevo, sino que parezca bien cuidado. Un clásico que vuelve al
agua con dignidad.
Competición
Genesis 72: puesta a punto de un catamarán
En el otro extremo del taller están los barcos de velocidad: catamaranes de casco de composite
que apenas rozan el agua. Aquí no manda la estética sino los milímetros. Un buen reglaje es la
diferencia entre volar estable y clavar la proa.
Mecánica
Motor brushless refrigerado por agua, variador de gran amperaje y un servo de timón con par de
sobra. Todo va anclado a una bancada rígida y alineado con el eje: cualquier holgura se
convierte en vibración, y la vibración, en avería.
Reglaje
Se ajusta el ángulo del eje portahélices, la altura del timón y la posición del centro de
gravedad moviendo la batería unos milímetros adelante o atrás. Se prueba, se observa cómo
apoya el casco a distintas velocidades y se vuelve a corregir. Cuando el catamarán se asienta
sobre los patines y traza limpio, está listo.